El Fútbol Club Barcelona vivía tiempos convulsos, quizás momentos en los que para otros equipos serían felices pero que ellos no están acostumbrados.
Tras unos años en los que los culés solamente sabían cosechar éxitos, podían permitirse mirar a sus rivales por encima del hombro, esta temporada ha llegado el momento de sufrir y de humanizarse.
Aunque ese sufrimiento no es tanto como los medios lo pintan, ya que a finales de verano consiguieron la Supercopa de España frente al Real Madrid, La Supercopa de Europa frente al Oporto y en diciembre, el Mundialito de Clubes frente al Santos de Neymar.
Además disputará la final de la Copa del Rey frente al Athletic Club de Bilbao (Aún se desconoce el lugar y la fecha) tras eliminar a equipos como el Real Madrid y el Valencia. En Champions, con todos mis respetos al Bayer Leverkusen, a falta de la vuelta en el Camp nou, tienen más que encarrilado el pase a cuartos.
Pero la preocupación culé no viene por ninguna de esas razones, viene por los resultados cosechados en liga, que unidos a un inmenso Real Madrid han hecho que el conjunto blaugrana esté a 10 puntos de los merengues.
Para llegar a esta situación, se han dado varias circunstancias, una derrota frente a Osasuna, en la que Pep señaló a Piqué como principal culpable en las acciones que acabaron en gol, una misteriosa lesión de Xavi Hernández y por si fuera poco, Pep no deja claro su futuro, acaba contrato este verano y aun no se ha negociado la renovación.
Los aficionados blaugranas se preguntaban: ¿Está el Barça en horas bajas? si lo comparamos con las temporadas anteriores sí, aunque como bien dije al principio del post, cualquier equipo del mundo envidiaría su situación.
Para que volviera algo de luz al Camp nou, tenían la mejor ocasión, el Madrid con su victoria el sábado ante el Racing de Santander se había colocado a 13 puntos, y ellos recibían al tercer clasificado, el Valencia.
Los 'chés' traían sed de venganza por la eliminación copera y de hecho así lo plasmó sobre el terreno de juego en los primeros minutos.
Se adelantaban con un gol del duende Piatti y todos los fantasmas empezaron a sobre volar el feudo culé, era el momento de marcar diferencia, 13 puntos era demasiada distancia, así que el bueno o mejor dicho el más bueno, se puso manos a la obra. 4 goles de la pulga Leo Messi y un gol de Xavi, que dispuso de algunos minutos tras la misteriosa lesión, bastaron para dar la vuelta a un partido que se presentó difícil pero que supieron encauzar de una manera extraordinaria.
El Camp Nou respiró y como el partido se convirtió en una fiesta, no dudaron en corear el nombre de Guardiola pidiéndole que se quede para así de un plumazo acabar con todos los fantasmas.
Señores, no le den por muerto, sigue siendo el Barça y siguen teniendo a Messi.
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